Tu complejidad no es un obstáculo. Es tu ventaja.

Todo el mundo quiere que la inteligencia artificial le haga el trabajo: acelerar, descargar, evitar.

Lo oigo cada semana. En reuniones, en formaciones, en cafés con clientes.

"Luis, ¿cómo hago para que la IA me escriba la oferta?"

"Luis, ¿hay alguna forma de automatizar esto?"

"Luis, ¿revisas mi prompt para resumir pliegos?"

Y la respuesta es sí. Claro que puedes. 

Pero.

La trampa del uso descafeinado

Usar la IA para acelerar está bien.

Usar la IA para descargar trabajo está bien.

Usar la IA para evitar tareas pesadas, que sí, muy bien.

Pero si solo haces eso, te quedas donde estabas. No evolucionas, ni aprendes, ni creces como profesional, ni como organización.

Es como si fueras al gimnasio y le pidieras a alguien que levante las pesas por ti. Pagas por nada, y tu músculo no crece. 

La IA puede hacer muchas cosas por ti. Pero si solo la usas para quitarte faena, te estás perdiendo lo bueno. Y lo bueno es lo que pasa cuando la usas para pensar mejor, para ver lo que no veías y para hacer cosas que antes no podías hacer.

Eso requiere otro enfoque. Otro ritmo. Otra actitud.

Requiere poner las luces largas.

El otro lado del mostrador

En la administración pasa lo mismo. Los técnicos que valoran ofertas tienen el mismo problema que tú: demasiado trabajo, poco tiempo, presión constante.

Valorar una oferta técnica no es su único trabajo. Es un trabajo que se suma al trabajo que ya tienen.

¿Qué crees que van a hacer cuando descubran que pueden pedirle a una IA que les resuma las ofertas?

Pues eso.

Ya está pasando. Lo he visto. Me lo han contado. En algunos casos, hasta se han confesado: "Le pedí a ChatGPT que me resumiera las ofertas. Hice algunas comprobaciones y asigné puntuaciones."

No es ciencia ficción. Es lo que está pasando.

Y no voy a juzgarlo. Seguro que ese técnico va como el 80% de la gente: con mucho más trabajo del que puede asumir.

La cuestión no es si está bien o mal. La cuestión es: ¿estamos haciendo ofertas para ese escenario? 

¿Dice lo correcto en los sitios correctos? ¿Es fácil de escanear? ¿Resiste un resumen automático?

Si no lo sabes, tienes un problema.

Si lo sabes, tienes una ventaja.

Luces largas

El problema de pensar solo en lo inmediato es que te deja ciego ante lo que viene. 

Cuando descubrí ChatGPT en 2022, mi primera reacción fue la misma que la de todo el mundo: «Esto va a cambiar las cosas.» Pero luego vino la segunda reacción, la que pocos tienen: «¿Cómo?»

No cómo va a cambiar el mundo. Eso es teoría, materia de gurús y profetas del apocalipsis.

Cómo va a cambiar mi trabajo. Mi sector. Mi forma de ayudar a mis clientes. Eso sí me importa.

Y lo que vi fue esto:

Primero, que las herramientas iban a cambiar. Eso era obvio.

Segundo, que los fundamentos iban a permanecer. Eso era menos obvio.

Me explico.

Una oferta técnica sigue siendo una oferta técnica. Tiene que responder a un pliego. Tiene que demostrar solvencia. Tiene que convencer a quien evalúa. Eso no ha cambiado en treinta años. Y no va a cambiar porque exista ChatGPT.

Lo que sí cambia es cómo la escribes, la estructuras y la presentas.

Y ahí es donde entra la IA. No para hacer tu trabajo, sino para potenciar lo que ya sabes hacer.

BASIC y la programación orientada a objetos

Cuando tenía doce años me enseñaron a programar en BASIC.

Empezabas diseñando en un papel. Y cuando era tu turno (no había ordenadores para todos) lo probabas. Si fallaba, vuelta al papel.

Era aburrido. Lento. Ensayo y error.

Ese lenguaje de programación se dejó de usar enseguida. Nadie programa hoy en BASIC. Y los que lo hicimos tenemos canas. Pero aprender los fundamentos de la programación imperativa hizo más fácil todo lo que vino después. Cuando tocó aprender Programación Orientada a Objetos, no tuve que empezar de cero. Tenía una base, entendía la lógica, sabía cómo «pensaba» una máquina.

Con la IA pasa lo mismo.

El riesgo ahora no es equivocarte. El riesgo es no experimentar, probar, tocar. Y hasta estropear. El riesgo es no meter las manos en la masa.

Los que hoy están trasteando con prompts, con contextos, con flujos de trabajo asistidos por IA, están construyendo fundamentos. Son los que, cuando venga lo siguiente, los agentes (que ya están aquí), estarán preparados.

Los que esperan a que "se estabilice" o a que "alguien lo resuelva" van a llegar tarde.

Siempre llegan tarde.

La tecnología se adapta a ti

Hace años me tocó evaluar ERPs para mi empresa constructora. Estuve un año viendo opciones, pidiendo demos y analizando propuestas.

Lo único que me gustó de verdad fue un SAP que hacía todo lo que necesitábamos. Era potente, flexible, robusto y alemán. Pero una vez parametrizado, adaptado a nuestro flujo de trabajo, pasaba de los 300.000 €.

Un disparate. Y era solo el principio, el riesgo era enorme.

¿Qué hicimos?

Sobre la base de un entonces incipiente SharePoint, montamos un sistema de gestión propio.

Servía para gobernar el departamento de estudios. Servía para que los jefes de obra dieran el visto bueno al pago de facturas desde la caseta de obra. Servía para controlar a los subcontratistas. Con flujos de trabajo, alertas, y todo lo que hoy seguirías pidiendo a un sistema de gestión.

¿Era perfecto? Pues no.

¿Funcionaba? Sí.

Y lo más importante: se adaptaba a nuestra forma de trabajar, a nuestro sistema de gestión. Totalmente.

Esa experiencia me enseñó algo que aplico a todo: la tecnología se adapta a ti, no al revés.

No tienes que cambiar tu flujo de trabajo para usar inteligencia artificial. No tienes que dejar de usar tus herramientas y procesos habituales, ni lo que te funciona. De hecho, ni se te ocurra hacerlo: es lo que te diferencia.

La IA se puede integrar en tu contexto. En tus dinámicas. En tu forma de hacer las cosas.

Lo que necesitas es saber cómo. 

Ya he vivido esto.

Qué significa esto en contratos públicos

Llevo más de diez años reforzando a empresas que contratan con la administración. He visto cambiar muchas cosas: leyes, plataformas, formatos, procedimientos.

Pero hay algo que no cambia: los contratos los gestionan personas. Y nuestro trabajo lo reciben personas.

La IA no va a cambiar eso. Lo va a amplificar.

Si sabes lo que haces, la IA te hace mejor. Si no sabes lo que haces, la IA te hace más rápido, pero igual de malo. Por eso no me interesa enseñar a usar herramientas. Me interesa enseñar a pensar con herramientas.

Método más IA. No IA sola.

Tu conocimiento del sector más la velocidad de la máquina. Esa combinación es la que gana licitaciones y ejecuta contratos públicos sin incidencias.

Y ahora ¿qué?

Llevo unos dos años metido en esto. Probando, experimentando, integrando la IA en procesos reales de preparación de ofertas y ejecución de contratos.

Con clientes que presentan ofertas casi todos los días. Con equipos que tienen poco tiempo y mucha presión.

Y lo que he descubierto es que funciona. Pero no de cualquier manera.

Funciona cuando hay método.

Funciona cuando la IA se adapta al flujo de trabajo y al conocimiento del negocio, no al revés.

Funciona cuando las personas entienden qué están haciendo y por qué.

Si quieres visión y refuerzo para integrar la inteligencia artificial en el ciclo de tus contratos, sin cambiar lo que funciona ni embarcarte en inversiones que nunca acaban, hablemos.

No vendo humo. No prometo atajos.

Pero sí puedo ayudarte a poner las luces largas.

Buenas prácticas ¿Qué hacen los veteranos para analizar pliegos?

Deja tu correo electrónico y te envío las 5 prácticas que recomendaría a un amigo y sé que hacen los mejores.

"*" señala los campos obligatorios

Este campo es un campo de validación y debe quedar sin cambios.
0
    0
    Carrito
    Tu carrito está vacío
    Luis Gracia
    Resumen de privacidad

    Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.