No, no le tenía miedo a la inteligencia artificial.
Le tenía miedo a algo peor.
A mí mismo.
A volverme cómodo.
A dejar de preguntarme cosas.
A aceptar respuestas sin repreguntar.
A estancarme.
A perder facultades.
A perder chispa.
Lo que me daba miedo era el sedentarismo cognitivo.
Ese momento en el que lo que te entrega la IA te parece suficiente.
Ese gesto en el que preguntas… en lugar de pensar.
Ese momento en el que empiezas a funcionar en automático.
Y dejas de estar en el partido.
Le había pedido a la IA una ayuda, una estructura, una idea.
Y pensé: “esto está bien”.
No era brillante, ni mío, ni nuevo.
Pero estaba “bien”.
Y ahí saltó la alarma.
No porque me fuera a sustituir.
Sino porque yo mismo podía empezar a sustituirme.
Así que tomé una decisión:
Volví a pensar.
A proponer.
A escribir primero.
A discutir con la máquina, no a obedecerla.
A entrenar el músculo crítico.
Porque si quiero seguir siendo un hombre que resuelve problemas…
necesito problemas.
Pero la uso así:
Primero pienso.
Luego trabajo con ella.
Y le pido que sea crítica. Que no sea amable. Que no me haga la pelota.
Que me lleve la contraria si hace falta.
No soy indulgente.
Ni conmigo, ni con ella.
Que para usar bien la inteligencia artificial
necesitas ser sabio.
No solo listo. No solo rápido.
Sabio.
La sabiduría no te la da un curso.
Ni un atajo.
La sabiduría se entrena con la experiencia, con el juicio, con la compasión.
Con la comprensión de lo humano.
Y eso, a veces, lo veo muy claro:
Cuando un cliente me pregunta cómo plantear una reunión con la administración.
Cuando mi hija negocia conmigo con una astucia inquietante.
Cuando una oferta se deja destripar a base de perspicacia.
Ahí es donde entiendo que la chispa sigue viva.
Y que la IA solo potencia al que ya está encendido.
Esto que propongo
usar la IA con criterio, con intención, con exigencia
no es para cualquiera.
Es solo para gente inteligente.
Gente sabia.
Independientemente de la edad.
Gente que quiere seguir siéndolo.
Y que está dispuesta a trabajar para ello.
No es que la IA te sustituya.
Es que ya lo has hecho tú solo.

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