Mito 1 de la Contratación Pública: Hay que tener enchufe.

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Resumen- 1 Minuto de lectura.

Puede haber preferencia o predilección por que resulte adjudicataria una empresa o un profesional en concreto, pero, al final de las cuentas, las licitaciones se ganan en base a lo que se estipule en los pliegos, no en base a enchufes, preferencias, o predilección.

Todo es muy transparente, y rara vez un político o un funcionario arriesgan su estatus por favorecer a alguien en un contrato público. Los costes superan con creces a los beneficios.

Hay contratos para empresas grandes y contratos para empresas pequeñas.

El tamaño es una ventaja, y los recursos con los que cuentan las empresas grandes para gestionar la complejidad de la contratación pública se contrarrestan con formación y agilidad.

Estar bien relacionado no es necesario. Que te conozcan y sepan lo que haces siempre es bueno, lo único que cuenta es presentar la mejor oferta.

Mito desmitificado: para contratar con el sector público no hay que tener enchufes, padrinos, ser grandes o estar bien relacionados.

Para contratar con el sector público hay que ser constantes y trabajar bien.

Hasta aquí el resumen.

Damos inicio a una serie en la que se abordan los mitos de la contratación pública. 

Mito número 1 de la contratación pública: Hay que tener enchufe, la contratación pública es para empresas grandes, o bien relacionadas.

¿Hay que tener enchufe para vender a la administración?

Desde fuera se tiene la impresión de que si no tienes enchufe, si no conoces a alguien, es dificil que te adjudiquen un contrato público.

Hay quien piensa que si no es conocido, o no conoce a alguien en el Ayuntamiento, la diputación, o en el gobierno regional, es muy difícil que se fíen. Que para lograr algo hay que tener enchufe, o cosas peores.

La verdad es que esto, no es así. 

No se puede negar que el hecho de que te conozcan, que sepan quien eres, siempre es mejor que ser un perfecto desconocido. Por sentido común, no por que sea una condición indispensable tener “enchufe”, o que te conozcan.

En el sector privado, si no te conocen o tienen referencias tuyas no llegas ni a presentar oferta.

En el sector público no es así. Si te conocen, mejor, aunque no es imprescindible.

Cuando vemos que hay una empresa -o un profesional- que ya tiene un contrato, y ese contrato va a volver a salir, pensamos que quien está tiene ventaja: que está enchufado.

Y lo cierto es que, ¡nada más lejos de la realidad!

Cada vez que se contrata algo hay borrón y cuenta nueva. Se empieza desde cero.

Una cosa es que desde el órgano contratante se prefiera que sea una determinada empresa o profesional quien finalmente resulte adjudicatario de un contrato.

Y otra cosa es que eso sirva de algo.

Cuando el procedimiento de adjudicación de un contrato se pone en marcha no hay enchufe o preferencia que valga. 

Es verdad que todos conocemos muchos casos en nuestra historia reciente que hablan de favoritismo, de enchufismo, y que tienen un trasfondo oscuro o delictivo.

Quizá siga habiendo cosas así, aunque cada vez menos. Mucho menos.

Las normas y la vigilancia han mejorado mucho, y cada vez resulta más complicado “enchufar” o ser enchufado. 

Hoy todo es mucho más transparente, la información está ahí, a la vista de todos.

Hay muchos, y mejores controles, muchas personas interviniendo para fiscalizar y vigilar.

Con tanto “riesgo” la gente ya no se complica la vida, valoran más su estatus que los escasos o a veces nulos beneficios que tiene favorecer a alguien para que logre un contrato público. No sale a cuenta.

Olvídate de los enchufes. A la hora de la verdad no sirven para nada.

Si te conocen, si saben quien eres: mejor. 

Pero no supongas que es necesario conocer a alguien o tener enchufe para participar de la contratación pública.

Lo único necesario es el trabajo y la constancia.

Siguiente cuestión: la contratación pública es para empresas grandes, o bien relacionadas.

Puede ser cierto si quieres hacer un tramo de ave, gestionar la atención telefónica de un gran ente público, o suministrar 1.000 motocicletas a correos, entonces quizá sí. 

Solo se consiguen esos contratos si eres muy grande, y especialmente si ganas a tus competidores en la licitación.

Da igual que seas un profesional o una empresa pequeña, o mediana. 

Todas las semanas habrá oportunidades para ti, contratos a tu medida que no interesan a las empresas grandes, o en las que una empresa grande no es competitiva.

Hay muchos casos, la mayoría, en que los costes de estructura de la empresa grande no son compatibles con los costes del contrato. 

Las empresas grandes tienen costes y estructuras para contratos grandes.

También, puede parecer, que la complejidad de la contratación pública hace necesario tener una estructura potente, con varias personas especializadas. Estructura y conocimientos que parece que solo están al alcance de las empresas grandes.

No es así. Ciertamente contratar tiene su complicación, aunque una vez que aprendes pasa a ser una ventaja que te acompaña siempre.

Hablemos de esas “buenas relaciones” que suponemos que las empresas grandes tienen. 

Lo primero que hay que tener en cuenta es que una empresa grande no va usa los favores o influencia que pueda tener por cualquier cosa. 

Cuando una empresa grande se mueve, lo hará por algo que de verdad le importe: por un contrato grande, estratégico. 

No tengo experiencia en gestión de empresas que facturan más de 10 millones al año.

Aplico el Sentido común, si yo fuera una empresa grande, y si tuviera buenas relaciones con un determinado órgano de contratación, solo “gastaría” esas buenas relaciones para un momento especial y un contrato especial. 

Acceder a un contrato público no depende del tamaño de la organización. En muchos casos un tamaño pequeño y una estructura austera son una ventaja, y para el órgano contratante son una garantía de que la obra, el servicio o el suministro van a ser hechos de forma atenta y cercana.

Para las cosas normales, los pequeños, son preferidos a los grandes.

El artículo 1 de la vigente Ley de Contratos del Sector Público dice:

“…se facilitará el acceso a la contratación pública de las pequeñas y medianas empresas

Artículo 1 de la Ley 9/2017 de Contratos del Sector Público

La Ley establece que los órganos de contratación deben facilitar el acceso y la participación de las pequeñas y medianas empresas en la contratación pública.

Algo que va más allá de una declaración de intenciones. En las normas que rigen la contratación pública hay varias cosas que hacen que esto sea efectivamente así en la practica.

En resumen:

Puede haber preferencia o predilección por que resulte adjudicataria una empresa o un profesional en concreto, pero, al final de las cuentas, las licitaciones se ganan en base a lo que se estipule en los pliegos, no en base a enchufes, preferencias, o predilección.

Todo es muy transparente, y rara vez un político o un funcionario arriesgan su estatus por favorecer a alguien en un contrato público. Los costes superan con creces a los beneficios.

Hay contratos para empresas grandes y contratos para empresas pequeñas.

El tamaño es una ventaja, y los recursos con los que cuentan las empresas grandes para gestionar la complejidad de la contratación pública se contrarrestan con formación y agilidad.

Estar bien relacionado no es necesario. Que te conozcan y sepan lo que haces siempre es bueno, lo único que cuenta es presentar la mejor oferta.

Mito desmitificado: para contratar con el sector público no hay que tener enchufes, padrinos, ser grandes o estar bien relacionados.

Para contratar con el sector público hay que ser constantes y trabajar bien.

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